Si a uno no le gusta el crimen, la crueldad, la injusticia y la violencia de esta sociedad, puede hacer algo al respecto. Puede convertirse en MINISTRO VOLUNTARIO y ayudar a civilizarla, a llevarle consciencia, bondad, amor y alivio del dolor, infundiendo en ella la confianza, la decencia, la honestidad y la tolerancia.   U
n terremoto devasta una ciudad entera. Una violenta riada deja sin hogar a millares de personas. La gente resulta herida, traumatizada y suele caer en la desesperación.

     Las unidades de emergencia médica tienen que hacer frente al trauma físico. Los agentes del orden velan por la seguridad pública mientras que el cuerpo de bomberos trata de evitar que la destrucción de la ciudad sea mayor.

     Pero, ¿quién se preocupa por las vidas destrozadas que los desastres de esta índole dejan a su paso? Aquí es donde interviene el Ministro Voluntario.

     Un Ministro Voluntario es una persona que ayuda a sus semejantes de forma desinteresada, proporcionándoles un asesoramiento fundamental y aplicando los principios de CIENCIOLOGÍA a cualquier situación con que se encuentre.

     CIENCIOLOGÍA es fundamentalmente una religión cuya práctica resulta muy gratificante, y el énfasis se pone sobre todo en la aplicación. CIENCIOLOGÍA le proporciona al individuo los instrumentos que este puede utilizar para HACER algo en lo concerniente a la vida. Y puesto que se ofrece como algo que HACER, en lugar de ser expuesta como algo en lo que creer, CIENCIOLOGÍA es una tecnología práctica utilizada por personas de cualquier credo.

     De esta forma, cuando estallaron las revueltas en Los Ángeles, líderes religiosos de todos los puntos de la ciudad solicitaron la ayuda de los Ministros Voluntarios de CIENCIOLOGÍA para restablecer el orden en la comunidad y proporcionar asistencia espiritual a aquellos que la necesitaban.

     Cuando un terremoto devastó la ciudad japonesa de Kobe, los ministros voluntarios estuvieron disponibles para ayudar a las víctimas del desastre, conmocionadas y sin hogar; a la vez que formaban a otras personas para que hicieran lo propio. Más de 10.000 horas de trabajo voluntario fueron invertidas en el auxilio de los habitantes de esta ciudad asolada.

     Cuando la bomba de un loco conmocionó a la ciudad de Oklahoma, causando la muerte de mujeres y niños en un edificio gubernamental, un equipo de ministros voluntarios acudió raudo al lugar del suceso para colaborar con la Cruz Roja y con pastores locales de otras religiones en ayuda de aquellos que habían perdido a seres queridos en la explosión, así como para introducir un poco de orden en aquel caótico entorno.

     Las noticias de que un sismo había destruido las dos terceras partes de la isla de Sakhalin, en Rusia, obtuvieron una respuesta inmediata: un equipo de ministros voluntarios rusos voló inmediatamente a dicha isla para proporcionar una ayuda que habría de salvar las vidas de muchos de los supervivientes del desastre.

     Y en Indonesia, un solo Ministro Voluntario acudió al lugar de un terremoto y dio preparación instantánea a voluntarios para que prestaran auxilio a las numerosas víctimas que habían perdido sus hogares, dejando al marcharse un equipo de 300 personas con los instrumentos necesarios para procurar alivio a decenas de millares.

     La ayuda, por supuesto, siempre es desinteresada. No se pide nada a cambio.

     La razón es que los ministros voluntarios son personas que ayudan a sus semejantes de manera voluntaria, restableciendo el propósito, la verdad y los valores espirituales en las vidas de otras personas.

     Y no sólo prestan su ayuda en zonas catastróficas. Están igualmente activos en sus propias comunidades, auxiliando a alguien que tiene un problema con las drogas o un matrimonio que se desmorona, impartiendo clases particulares al joven que tiene dificultades con los estudios, ayudando a una persona mayor que se está recuperando de una operación traumática, al obrero que ha perdido un brazo en un accidente laboral; en definitiva, guiando a la gente a través de las numerosas tensiones de la vida cotidiana.

     El Ministro Voluntario está allí, en el lugar, HACIENDO algo al respecto.

     Un Ministro Voluntario no entorna los ojos ante el dolor, la maldad y la injusticia del mundo. Por el contrario, está preparado para hacer frente a tales miserias y para ayudar a la gente con el fin de que alcance el alivio que conlleva la aplicación de CIENCIOLOGÍA al vivir de cada día.

     ¿Y dónde puede usted encontrar esta tecnología práctica y simple, aunque poderosa? Está contenida en El Manual de Scientology, un libro basado en las obras de L. Ronald Hubbard. Publicado también en una serie de folletos, centenares de miles de personas han hecho uso de los principios prácticos contenidos tanto en El Manual de Scientology como en los folletos basados en el mismo, para mejorar sus vidas y las de sus semejantes.

     No importa cuál pueda ser el problema, el Ministro Voluntario de la Iglesia de Scientology estará allí para prestar su ayuda. Al aunar sus fuerzas frecuentemente con las de ministros de otras iglesias, los ministros voluntarios comparten su conocimiento y energía para mejorar las condiciones en que se encuentren las comunidades de esos otros religiosos.

     De hecho, cualquier persona, de cualquier iglesia, puede prepararse para llegar a ser Ministro Voluntario. Sólo tiene que dirigirse a la iglesia o misión de CIENCIOLOGÍA que tenga más cercana y hacer un curso basado en El Manual de Scientology. O si esto no resulta viable, seguir un curso por correspondencia con el que se convertirá en un experto en la aplicación de los procedimientos de CIENCIOLOGÍA.

     A medida que más y más gente constata la importancia que tiene el poder proporcionarle una verdadera ayuda a otras personas, el programa del Ministro Voluntario adquiere mayor difusión en la sociedad. Al ofrecer su ayuda desinteresada a aquellos que la necesitan, la eficaz contribución del Ministro Voluntario está consiguiendo que el mundo sea un lugar mejor.




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